Destacar entre la multitud ha sido (y sigue siendo) un factor decisivo para crear líderes. Todos los expertos en marketing lo repiten hasta la saciedad: hay que buscar siempre el punto diferenciador para tener éxito. El problema es encontrarlo.

Se supone que las personas que soportan la responsabilidad máxima de un país o una empresa tienen todas las cualidades para ser líderes y también se les presupone que han forjado una personalidad con distintivo propio, aunque frecuentemente comprobamos que eso no es siempre así. Hay líderes creados artificialmente, que apenas tienen carisma ni atributos que los hagan especiales.

Los candidatos políticos a presidir el Gobierno de España son un ejemplo evidente. Ni Mariano Rajoy, ni Pedro Sánchez, ni Pablo Iglesias ni Albert Rivera han conseguido crear una marca que seduzca a millones de personas. Y ello se debe a que no tienen nada que contar, no tienen una historia. Su único objetivo es el poder, pero para llegar a él van a necesitar algo más que marketing y que polarizar la sociedad. Y, sino, tiempo al tiempo.

Antes de destacar las claves principales para cimentar la marca personal, me gustaría aclarar que un líder no tiene nada que ver con la fama. Conozco mucha gente que, en su día a día, demuestra que está hecha de una pasta especial y cuya personalidad brilla con luz propia. Siempre siento una enorme satisfacción cuando conozco gente así. Y una profunda admiración (y envidia sana también).

Las 5 claves

Después de mucho observar y analizar, he llegado a la conclusión de que lo más importante para que una persona destaque es saber quién es realmente. En este sentido, siempre me ha quedado grabada esa expresión que dice: “Todas las marcas están pilladas, menos la tuya”. En numerosas ocasiones queremos imitar otros modelos de éxito pero, ¿quién soy realmente? ¿Qué tengo que aportar al mundo? Todo el proceso comienza respondiendo a estas preguntas.

Infografía 5 claves del personal branding

El siguiente quebradero de cabeza (porque lo es…) consiste en definir el público al que se dirige el líder. Algunos quieren abarcarlo el infinito, pero debemos ser conscientes de que, por muy bueno y novedoso que sea nuestro mensaje, no le va a interesar a todo el mundo. Es importante empatizar con los públicos más próximos a nuestra historia.

Al concretar lo que somos y a quién nos dirigimos estamos delimitando, de forma indirecta, otra de las claves: la meta. ¿Qué se propone el líder con su marca y con la seducción de su público? ¿Gobernar un país? ¿Dirigir una multinacional? ¿Un equipo de fútbol? ¿O ser el director de una escuela? Llegados a este punto no debemos olvidar que hay más personas compitiendo por el puesto que ansiamos. De ahí que sean necesarias dosis de humildad.

El líder no está solo, sino que forma parte de un escenario más grande, en el que interactúa con más actores y en el que influyen múltiples factores. Es aquí donde la marca personal se enfrenta a desafíos que probarán su resistencia. Hay muchos escenarios, tanto físicos como virtuales. Ambos son reales y el ejemplo más evidente de ello es que la línea que los separa es cada vez más fina y borrosa.

Y la historia. Esa es la columna vertebral que lo une todo y que le da sentido. Sin un contenido original y auténtico, la marca personal está muerta. Muchos aseguran que ahora se llevan las historias, el marketing de contenidos. Pero eso no es cierto. Los cuentos o las historias llevan seduciendo a la humanidad desde sus orígenes e incluso eran la principal vía de transmisión cultural cuando aún no había lenguaje escrito.

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