¿A nadie le llama la atención el furor repentino de políticos, empresarios, gurús y toreros por exhibir sus niños para patrocinar sus intereses profesionales? Parece que, como reza algún hashtag en Twitter, el mundo se vaya a acabar pronto y la muestra en público de estas criaturas sea una especie de ritual de redimirse ante el Juicio Final. Quizás me voy un poco del tema, pero lo cierto es que tanta coincidencia me hace sospechar de que se esté cocinando algo a nuestras espaldas y no nos estemos dando cuenta.

Mientras tanto, he tenido la necesidad imperiosa de bautizar el fenómeno con algún nombre, por eso de abreviar ante tal propagación de casos. ¡Esto parece un virus incontrolable! Y lo he denominado “baby social”, combinando dos palabras claves implicadas en los sucesos: el uso de bebés (baby) en las redes sociales (social). No puede decirse que me haya exprimido los sesos buscándolo, pero al menos es práctico y evocador de lo que estamos tratando. Bueno, al tema.

¿Es que no es raro que los bebés ganen de repente este protagonismo? Mucha gente próxima a mí está teniendo niños, pero hasta ahora he pensado que se trata de una cuestión generacional y no de un nuevo baby boom. Pero es que hasta el Congreso de los Diputados, ese sitio tan poco acogedor, se ha llenado de bebés. Me refiero, obviamente, al niño de Carolina Bescansa, política y (ahora) diputada de Podemos.

La polémica que se levantó fue monumental y tuvo tanto aplausos como crítica…lo esperable. Todas se pueden entender, pero lo cierto es que aún nos quedan unas cuentas imágenes para llegar a lo que se ve en otras latitudes. No he hecho ningún análisis todavía, pero sería interesante cómo se percibió la presencia de bebés en el Parlamento Europeo la primera vez y cómo es esa convivencia a día de hoy. Seguro que ocupa menos titulares…o ninguno.

Pero Carolina Bescansa no es más que una avanzada en lo que a polémicas del “baby social” se refiere. Luego, para que se vea que eso de la conciliación existe, le ha tocado el turno a los machos. Sí, como lo oyen. El primero en recoger el guante fue el torero Francisco Rivera (¡un torero, quién lo iba a decir!). Sin ser quizás consciente de la que iba a liar, inmortalizó el momento del toreo de una ¿vaquilla? (no soy experto en este campo) con su hija pequeña (muy pequeña), algo que, según él, es una tradición familiar. Recibió muchas críticas y menos elogios, pero un día después sus colegas de profesión mostraron su solidaridad diciendo al mundo que los toros son lo más para los niños.

En el caso de los posados toreros con sus “babies”, me ha hecho gracia lo forzado de El Cordobés. Hombre, una cosa es apoyar a tu compañero de corridas y otra es coger en brazos a una niña que poco tiene ya de bebé. En fin, que la solidaridad no conoce de edades de bebés y esas cosas.

Sin embargo, ¿qué sería del fenómeno “baby social” si el mayor artífice de las redes sociales, Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, no se suma a la moda? En realidad él ya lo hizo antes que los ejemplos anteriores. Es más, él puede ser el que esté detrás de todo esto. ¿Y si Zuckerberg está haciendo un experimento con la presencia de los bebés y sus padres en las redes? ¿Nos está preparando para algo nuevo? ¿O se trata de un “Show de Truman” en redes sociales? Por lo de pronto ya hemos visto a su hija pasar por varias fases, desde su nacimiento hasta la última novedad: sus primeras clases de natación.

Vamos, que Internet y las redes sociales han encontrado un “new black” en los bebés. La polémica está servida pero, mientras discutimos, a mí me acosa una pregunta: ¿por qué tanto bebé repentino? La verdad está ahí fuera (ahora que vuelven Mulder y Scully).

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