Hace tiempo que El Huffington Post es uno de mis medios de comunicación preferidos para repasar la actualidad una vez que llego a casa y pretendo saber, con no mucha ambición, lo reconozco, qué ha pasado en el mundo ese día. En mi móvil tengo instalada la app de El País, porque creo que funciona bien, pero no tanto porque sea a día de hoy mi referencia informativa, que sí lo fue antes. Leo El País para tener cerca al enemigo, para controlar todo aquello que quiere manipular. This is a sad story, I know…

El caso es que El Huffington, a diferencia de El País, me permite descubrir qué noticias conectan más con la gente o, en otras palabras, cuáles son las más virales. Es un compendio de información rigurosa, pero también de memes, vídeos de personas nadando que son rescatadas por sus perros y la última barbaridad cometida por una celebrity. En El País puedes encontrar, sobre todo, una élite dañada por las vicisitudes de los últimos años (y de sus propios vicios y errores), que pretende retener el poder (y cambiar la sociedad) para preservar su situación. Los rebeldes de antes son los conservadores de ahora. Y es posible que todos lo seamos algún día (incluso yo), por eso es bueno darse cuenta de ello para luego saber a quién cargar la responsabilidad.

Lo cierto es que, buceando en El Huffington, no pude evitar reírme cuando leí una noticia sobre un periodista que engañó intencionadamente a un grupo de noruegos racistas, colocando esta foto en su Facebook:

Publicado por Sindre Beyer en viernes, 28 de julio de 2017

 

Los racistas confundieron los asientos vacíos de un autobús con mujeres que llevaban burka y comenzaron a clamar en contra del islam y la inmigración. ¿Ridículo, verdad? Ahora piensa en cuántas veces nos han engañado o intentado engañar medios de comunicación y hemos creído sus “burkas informativos”. Un caso ejemplar es lo que estamos viviendo con Venezuela.

Antes de seguir, quiero aclarar que no tengo ni idea de lo que está pasando en Venezuela y que no estoy ni del bando de Maduro ni de la oposición. Básicamente porque carezco de información para poder juzgar la situación y a mí me gusta más hacer “posjuicios” como los del nuevo anuncio de Aquarius (no llevo comisión eh, es solo que me hizo gracia). Lo que sí lamento es la ausencia de artículos y análisis equilibrados por parte de los periodistas españoles y no muy sesgados como estamos viendo a diario. Porque esto es como decir que el nazismo surgió de la noche para la mañana por voluntad de un único hombre y eso no es verdad.

Mantras sin sofisticación

Otro campo de batalla interminable y que demuestra la tozudez de la estructura mediática nacional, que usa tres o cuatro mantras adoctrinadores al más estilo Goebbels: la pelea entre los “viejos” y los “nuevos” partidos. En mi etapa como profesional en Madrid tuve la oportunidad de conocer, de forma colateral, al por entonces desconocido Podemos. ¿Cuál fue mi primera impresión sobre este partido? Que no tenían ni idea de lo que hacían, lo que querían y que no escuchaban sabios consejos. Tiempo después esas primeras impresiones mías se confirmaron cuando el partido liderado por Pablo Iglesias hizo de la renta básica universal su principal bandera programática. Y ello a pesar de que se le había informado que los recursos económicos de España era insuficientes para llevar a cabo una medida de esa envergadura. A pesar de ello, creo que se les debe dar un voto de confianza y han conseguido mucho (igual que se le debe dar un voto de confianza al resto de partidos porque todos tienen a gente respetable entre sus filas).

No obstante, otras personas, sin conocimiento de primera mano sobre lo que critican, se arriesgan a verter toda clase de prejuicios cegados por los burkas informativos que consumen sin ningún pudor. Y eso me da una profunda pena. Entre ellos, hay mucha gente que conozco. A los que leen esto, pensad que detrás de cada mensaje existe siempre una intención y que, cuanto mayor es la proporción de poder en juego, más grande es la intención y la sofisticación con la que se quiere hacer llegar. Aunque en los últimos tiempos echo de menos la sofisticación…

Los burkas en ocasiones no son más que asientos vacíos, pero nuestra ceguera informativa nos hace ver aquello que poco a poco hemos dejado que nos inoculen. Lo que digo no es nada nuevo. Está todo inventando ya. Llevan toda la vida diciéndonos que pensemos por nosotros mismos pero, ¿ha servido de algo? Yo y la inmensa mayoría no podemos contrastar con las fuentes originales cada una de las noticias que consumimos, por lo que siempre habrá un componente de confianza ciega en todo lo que veamos o leamos en los medios de comunicación. Es inevitable. Pero el sentido común es muy útil cuando se hace uso de él. Además de eso, siempre he utilizado la imaginación para prever las posibles causas y consecuencias de un hecho y conocer a sus protagonistas. En muchas ocasiones no falla. Y esto también está inventado: lo decía Einstein en 1926: “La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado y la imaginación circunda el mundo”.

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