Es posible que ya te hayas dado cuenta. Tu forma de operar con el banco ya no es la misma ahora que hace unos años. Seguramente ya no actualizas tu cartilla (aún hay gente joven que lo hace) ni vas a pagar a primeros de mes el alquiler del piso a tu oficina. Cada vez más nos parecen hábitos fósiles, perdidos en algún hueco de nuestra memoria. Y acabarán desapareciendo, como si nunca los hubiéramos hecho.

Los grandes bancos españoles (y de otras zonas del mundo) están haciendo anuncios sorprendentes en los últimos meses: sus importantes beneficios no evitan la ejecución de nuevos cierres de sucursales y ajustes de plantilla. La contradicción parece evidente, pero las razones aún son difusas para la mayoría, incluso para los medios de comunicación. ¿Por qué los trabajadores de banca pierden sus puestos de trabajo si sus entidades ganan más? ¿Se deben estas medidas a que realmente hay un temor mayor que obliga a tomar medidas cautelares? ¿Se acercan los “white walkers”?

En los últimos años, acuciados por una crisis económica sin piedad, en España se ha librado una auténtica guerra por ganar (o mantener) cuota de mercado, siguiendo la política de convertirse en un “big player”, uno de esos “too big to fail” que siempre tienen excusa (menos en EEUU, como bien dirían los ex gestores y empleados de Lehman Brothers). Algunas entidades, como BBVA, La Caixa y Banco Sabadell, han ganado enteros a través de la adquisición de antiguas cajas de ahorros, troceadas y absorbidas a golpe de normativa financiera tras normativa financiera. En eso contribuyó el poder político, tan aliado siempre de las causas perdidas.

Internet no perdona a la banca

Y es que, aunque ellos aún no lo saben, su guerra y sus alianzas han resultado una causa perdida a la vista de los resultados. El tamaño no ha sido la panacea, dado que ahora esos enormes mamotretos se enfrentan a un desafío todavía mayor y que es más complejo si cabe con infraestructuras tan aparatosas como las suyas. Puede que estemos acercándonos a una fase en la que el tamaño sea un obstáculo más para lidiar con la caja de truenos desatada por Internet.

Ahora quizás entendamos que nadie sabía qué era la democracia hasta que la Red empezó a extender sus tentáculos. Nadie sabe aún en qué quedarán sus efectos, si es que eso puede predecirse o concretarse algún día. Lo que está claro es que, como le decía una vez a un amigo de la profesión periodística, a las tendencias de Internet hay que subirse casi a la misma velocidad que vienen para, en primer lugar, probarlas, luego ver si conviene adaptarse a ellas y, por último, tomar las decisiones oportunas. Internet no se puede analizar del mismo modo que el mundo offline. Son dos mundos que conviven, pero configuran entornos tan distintos como el agua y la tierra. Y, de momento, la humanidad navega los mares, pero no es capaz de vivir dentro de ellos como lo hace sobre la superficie.

Puede que estemos acercándonos a una fase en la que el gran tamaño de los bancos sea un obstáculo más para lidiar con Internet

Internet ha empoderado a la sociedad civil, ha hecho más fuerte la democracia. Y en ello seguirá a medida que evolucione. Algunos partidos políticos ya operan como auténticas redes sociales y “coaching circles”. Eso tiene unos efectos notorios que asustan al establishment, incapaz de contener a los “wildlings” más allá de sus murallas. Y, dentro de la élite gobernante que mira con recelo los cambios, se encuentra el todopoderoso sistema financiero.

Ajustes para adaptarse a la Red

La banca forma parte de la economía, de la sociedad. Es más, es uno de sus pilares y activos principales. Sin banca no hay democracia. Pero estar en una posición privilegiada no exime de transformaciones. Internet no perdona a nadie. Para bien o para mal. De hecho, no es casualidad que 6 de los 10 hombres más ricos del mundo se hayan hecho multimillonarios gracias al mundo digital.

En este sentido, la banca está siendo uno de los sectores más afectados por la digitalización. Y a ello responden los ajustes que están acometiendo más allá de reestructuraciones temporales o debidas a crisis económicas como la de España. Lo que estamos viviendo ahora se debe a la alargada mano de Internet.

El 60% del Top Ten de los multimillonarios procede del mundo digital y el 80% de lo millenials no pisará nunca una oficina, ¿podemos dudar de que algo está pasando?

Hace apenas unas semanas leía un artículo que indicaba que el 80% de los millenials (jóvenes nacidos a partir del año 2000) no pisará nunca una oficina bancaria. Es decir, que eso está pasando ya. Conscientes de esta realidad, los bancos apuran sus planes para empaparse de esa mancha de aceite que es Internet. Ahora ya no es algo secundario, ya no es un complemento que conviene actualizar de vez en cuando. Ahora es el core, el núcleo, el quid de la cuestión, la forma de moverse y actuar.

El dinero, desplazado por el tiempo

Primero la banca electrónica, luego las apps móviles para hacer el dinero más virtual y omnipresente en nuestras vidas. Ahora las entidades financiera también se lanza a conquistar esos espacios que tan obsesionados y enganchados tienen a todo el mundo: las redes sociales. Bankinter, pionero en España de la banca online, se ha convertido, hace tan solo unos días, en el primero en anunciar su servicio a través de Twitter. La integración con nuestros ámbitos más sociales y personales es un hito del que aún no somos conscientes.

Y es que la banca está volviendo al lugar que le corresponde y del que surgió al principio de los tiempos. Está abandonando su sofisticación y lejanía para ser personal, sencilla y doméstica. ¿Qué puede haber más intuitivo y natural que llevar nuestras finanzas en el móvil o en el bolsillo?

El dinero es cada vez menos importante a medida que el tiempo se convierte en el gran activo de nuestras vidas

La banca tradicional está en repliegue. Se está marchando poco a poco, aunque cada vez más deprisa. El dinero es menos importante a medida que el tiempo se convierte en el gran activo de nuestras vidas. Y llegará un momento en el que de poco servirá tener 10.000, 100.000 o un millón de euros en la cuenta corriente o en un depósito a plazo. Sin tiempo el dinero no sirve de nada. E Internet ahorra tiempo, permite vivir más nuestra vida. Dedicar tiempo para lo realmente importante (y a veces también perderlo en cosas superfluas).

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