“Si no haces algunas locuras, entonces no estás haciendo bien las cosas”. Con esta frase tan contundente definió el fundador de Google, Larry Page, parte de la filosofía de la compañía, que ha guiado su desarrollo desde su creación. Suena a la típica frase de emprendedor al que le han ido bien los negocios con una invención disruptiva. Sin embargo, siempre es un consejo a tener en cuenta de alguien que ha creado un imperio tecnológico de la nada y del cual cada vez sabemos menos a qué se dedica.

Precisamente para resolver este misterio o incertidumbre, los creadores y máximos accionistas (dato muy importante) de Google, Larry Page y Sergey Brin, han dado un paso que ha pillado por sorpresa al mercado y a Wall Street. Los medios de comunicación y los comentarios que se han sucedido tras el anuncio han sido positivos en general, aunque no queda claro si esta decisión se corresponde exactamente con un motivo económico/financiero o con algo más relacionado con la tecnología y el modelo de negocio de Google. Yo creo que se debe a ambos motivos. Y me explico.

A diferencia de las grandes corporaciones tecnológicas de hace décadas (IBM, AT&T, Telefónica, etc.), empresas como Google, Facebook o Whatsapp han surgido de una idea disruptiva que no necesitó de enormes sumas de dinero procedentes de los fondos de inversión y capital riesgo para triunfar, sino que en un breve periodo de tiempo y con un escasísimo capital consiguieron el feedback favorable del mercado y los usuarios.

Esto permitió a sus creadores mantener el control sobre el accionariado de la compañía a pesar de la entrada de nuevos inversores, algo capital para un modelo de negocio tan revolucionario y que necesita de la implicación directa de sus fundadores, así como de su trabajo, que no siempre da frutos a corto plazo.

Y es precisamente en el corto plazo donde se pierden los accionistas, deseosos de recuperar cuanto antes su inversión y lograr beneficios. Esta filosofía, sin embargo, no encaja a la perfección con las intenciones de los dueños de Google, que quieren seguir diversificando la actividad de la compañía sin las presiones de los inversores, lo que eventualmente les podría impedir fijarse en las innovaciones con mayor potencial o interesantes para su negocio.

Por tanto, la creación de Alphabet como paraguas del nuevo grupo sería una estrategia encaminada a preservar el carácter disruptivo y revolucionario del conglomerado empresarial. La visión de Page y Brin no coincide con el modelo de crecimiento de las grandes corporaciones, que buscan crecer a toda costa. Su estrategia parece encaminada a cambiar de forma radical el mundo, no solo a través de Internet, sino también de innovaciones que permitan a los seres humanos viajar sin conducir o explorar nuevos mundos que puedan ser colonizados en un futuro. Para ello aún tienen varias décadas por delante si continúan en la gestión de la compañía. Y si eso lo acometen sin presiones financieras de ningún tipo (más que las suyas propias y las de su actividad), entonces parece que Alphabet se lo juego todo a una apuesta por seguir cambiando el mundo. Por seguir cambiándonos a tod@s. Yo les deseo suerte y que continúen sorprendiéndonos como hasta ahora.

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