Antes de nada, aviso de posibles spoilers a los que todavía no habéis tenido la oportunidad de disfrutar de la serie ‘Stranger Things‘, uno de los fenómenos más importantes de los últimos años en la televisión (o mejor dicho, “de Internet”). Si no lo habéis hecho, os digo lo mismo que Cristina Pedroche en uno de sus recientes artículos: es una obligación verla.

Yo me declaro un auténtico fan y seguidor de todo lo relacionado con la década de los 80, por eso ‘Stranger Things’ era un caramelo difícil de rechazar. Y no me defraudó. Como millones de personas, me dejé fascinar por el increíble papel que hace Winona Ryder, además del resto de actores…o debería decir actorazos, desde la niña que representa a Eleven (Millie Bobby Brown), los tres niños (entre ellos el adorable Gaten Matarazzo) o Natalia Dyer (Nancy Wheeler en la serie), sin olvidar al sheriff Hopper (David Harbour).

Atrapa la historia, pero también todo lo que la rodea (la sorprendente banda sonora) y los temas que evoca, que son muchos. Uno de ellos es el dilema que surge en la comunicación de un suceso que tiene en vilo a un pequeño pueblo de Indiana (Hawkins). Uno de los niños del pueblo, Will Buyers desaparece después de jugar con sus amigos y algo (sobrenatural) sucede cuando está llegando a su casa, produciéndose posteriormente su desaparición.

Entre el instinto y las teorías conspiratorias

Su madre, Joyce (Winona Ryder), emprende una búsqueda imparable y, desde el primer momento, está convencida de que lo que ha sucedido a su hijo no entra dentro de lo habitual. De esta forma, desde el primer momento, su verdad se contrapone a la lógica y el sentido común de los demás, desde el sheriff Jim Hopper hasta lo que piensan los vecinos. Parece que solo hay dos consecuencias posibles entre las que elegir si uno está en su sano juicio: o el niño se fue voluntariamente o está muerto. He aquí un primer dilema: ¿a quién creer? ¿Qué instinto seguir?

Es muy difícil opinar e ir en la dirección opuesta a la de todo el mundo sin correr el riesgo de caer en lo que muchos llaman “teorías conspiratorias“, que cada vez son más seguidas por personas que tratan de indagar en  la información confidencial que ocultan los gobiernos a los ciudadanos. Aquí Joyce emerge como una especie de Jon Snowden que se enfrenta a todos y a todo, sin importar el poder que tengan. En el siguiente clip de vídeo se puede ver cómo su tenacidad en descubrir la verdad le lleva a enfrentarse a su hijo mayor.

Pero los medios de comunicación, ya sea por presiones o por falta de investigación, no siempre cumplen su papel y la verdad se tiene que abrir paso a través de las pesquisas de los propios afectados o de un pequeño grupo de personas que quieren llegar hasta el final. En este sentido, pueden más las ganas de saber y las corazonadas que la lógica de lo que es más razonable creer.

Es el caso del sheriff Hopper, quien descubre que el cuerpo que encontraron en el lago no era de Will Buyers, sino que se trataba de una táctica de distracción para encubrir los experimentos que se estaban haciendo en el laboratorio de Hawkins impulsado por el Gobierno de Estados Unidos. Esta revelación supone un punto de inflexión en su postura hacia la desaparición de Will. Él mismo defendía la lógica y la estadística a la hora de explicar este suceso, pero se convierte en una roca para el poder, yendo hasta el final a pesar de las consecuencias.

Para para los periodistas o comunicadores que han sentido el aliento del poder sobre su nuca, algunas escenas de ‘Stranger Things’ se convertirán en muy familiares. Yo, en mi trayectoria profesional, he vivido diferentes momentos de presión, procedentes tanto del poder político como económico, y todos actúan movidos por el miedo a que una revelación a la opinión pública acabe por perjudicar sus intereses. Y ese miedo es casi irracional, cualquier poder está dispuesto a hacer lo que sea para tapar la verdad.

Eso lo vemos claramente en la serie cuando el Dr. Brenner y su equipo, cansados de no capturar a Eleven, deciden acudir a la casa de los Wheeler para llevársela casi por la fuerza. Para ello se ven desesperados y acaban por hacer confesiones a los padres de Mike y Nancy. Es en este momento en el que la verdad ya no dejará de abrirse paso.

Uno de los factores que contribuyen a que lo sucedido rompa el techo de cristal del poder es su popularidad, es decir, que a mayor número de personas que lo intuyan y lo descubran, más posibilidades hay de que acabe amplificándose y llegando a una proporción mayor de la población. En la serie se ve cómo otros personajes se ven afectados por el Demogorgon, por lo que no les queda más remedio que creer lo que antes solo parecía una teoría conspiranoica de Joyce. Es el momento en el que Jonathan y Nancy se unen a destapar la verdad que la mayoría aún ignora o niega.

Las presiones para ocultar la verdad siempre existirán y es curioso cómo existen herramientas para tapar sucesos que deberían ver la luz con total normalidad. Recientemente en España se destapó un importante fraude del que ya se había hablado en algunos medios de comunicación hace años. Yo soy uno de los periodistas que reveló informaciones sobre ese supuesto fraude que afectaba a grandes empresas y entidades financieras muy relevantes. Sin embargo, por entonces, ni tan siquiera en mi mismo periódico se daba mucha veracidad a la fuente principal. En aquel momento, esa persona que facilitaba la información era una especie de Joyce. Todos consideraban que era una fuente interesada (como una madre que no encuentra a su hijo desaparecido) y que, por tanto, carecía de credibilidad todo lo que pudiera revelar. Años después, resultó que medios de comunicación, jueces y fuerzas de seguridad no habían dado crédito a la verdad a pesar de que pasó por delante de sus narices.

Quizás la conclusión que extraigo de todo esto es que el instinto siempre es muy importante para un periodista o un comunicador. La verdad nunca es algo sólido hasta que se demuestran los hechos, pero debe haber algo que nos conduzca a ella y ese “algo” es muy difícil de identificar en un primer momento. Siempre he considerado que la mejor manera de saber cómo actuar es valorar qué es lo correcto, qué es lo que estaría bien hacer desde un punto de vista ético o moral. Y es que puede que la verdad sea la luz, pero a veces hay que buscarla en el valle de las sombras.

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