Hace un año, exactamente el 12 de junio de 2015, dejé mi trabajo en Madrid para volver a mi tierra natal, Galicia. Hasta lo que sé ahora, el romanticismo (por segunda vez) me hizo volver. Tenía un trabajo bueno y grandes amigos allí. Pero me pudo el volver.

Me salí del tiesto, no quise seguir levantándome cada mañana para hacer lo mismo, aburrido, sin sentido, sin valor para mí. Al pensar diferente aprendí algo muy importante: el tiempo es más valioso que el dinero. Y no es solo una frase hecha. Es también una canción. Un Hey! (para espabilar) y un Now (para hacerlo ya). Fuera lo que fuera, no podía esperar.

Fue la primera canción que escuché cuando llegué. Dejé las maletas, todo mi equipaje. Me senté en el sofá y me dediqué a mirar por la ventana un bosque  cercano mientras escuchaba a London Grammar. Sin más. Tenía que inspirarme para este nuevo paso out of the box.

En ningún momento sentí miedo de haber hecho algo de lo que luego me arrepentiría. La necesidad era más fuerte que ningún tipo de temor. En ese momento no había hueco para la responsabilidad, solo el placer de haber realizado algo que realmente quería y deseaba. Estaba pletórico por el retorno.

Al pensar out of the box (“fuera de la caja”) el miedo se contrapone a las ganas de descubrir nuevas perspectivas, que pueden tener resultados impredecibles pero también sorprendentes

Tirso de Molina, Madrid / SB
El cielo de Madrid desde Tirso de Molina / SB

Pensar y hacer cosas out of the box tienen el contrapeso del miedo y la soledad, pero también la satisfacción de actuar donde otros no se atreven. Y si logras el objetivo…entonces descubres que podías haber hecho más. De hecho, yo me lamenté por no haberlo hecho antes. Por no haber vuelto cuando realmente quería. Pero la vida no es solo lo que queremos. Vivimos con más personas. Actuamos también en base a lo que ellas nos demandan. Por eso pensar diferente puede resultar incluso antisocial o una especie de autoexclusión voluntaria.

Un año después he hecho cosas que me había propuesto y otras que no. El principal objetivo, volver, lo conseguí y este aniversario es precisamente la celebración de algo sobre lo que había dudado tantas veces. Lo más importante ha sido el aprendizaje, el ponerse en la necesidad para sacar las cosas adelante. Yo soy el primero en buscar la comodidad, pero apenas me produce satisfacción.

Cuando tengo una idea distinta, fuera de lo convencional, me siento privilegiado. Es como quedarse quieto en la calle para contemplar el atardecer mientras todo el mundo apura el paso para hacer sus recados y sus rutinas. Es la sensación de moverse sin ser visto y poder hacer lo que otros no ven pero que, tarde o temprano, necesitarán.

Un año puede parecer mucho o poco, siempre depende de lo que hagas con él. Mi experiencia en estos últimos doce meses me dice que el tiempo se debe medir por lo que metes en él. El tiempo no tiene valor por sí solo. Es más, hay cosas que lo trascienden, que lo hacen insignificante, como bien dice Brand en este momento tan interestelar para mí (y que mis amigos ya conocen hasta la saciedad gracias a mi pesadez en bucle).

Por si aún lo sigues dudando, piensa out of the box. Nunca sabes lo que saldrá de esa reflexión. Pero seguro que será un resultado del que descubrirás algo más sobre ti. Y eso ya es todo un logro.