Ya no falta nada para que comience la segunda campaña electoral para las Generales en España en apenas medio año. Sí, es algo inusual, pero a lo que seguro que nos tendremos que acostumbrar con más frecuencia si el panorama político sigue como hasta ahora. Por otro lado, unas elecciones a la presidencia del Gobierno se convierten en un cruce de mensajes intencionados con datos que llegan bien retorcidos a todos los espectadores, después de un intenso proceso de tortura por parte de los equipos de campaña de los ‘presidenciables’.

Se van a oír muchas cosas, algunas ciertas, otras menos, otras medias verdades…Y se lanzarán recetas mágicas para la economía como si todos hubiéramos nacido ayer y fuéramos susceptibles de caer de nuevo en la trampa. Bueno, todo eso ya está pasando. Pero en economía pocas recetas van muy lejos si no hay dinero de verdad. Y en España hay dinero, pero al que no se le saca mucho rendimiento.

Durante muchos años han sido numerosas las comparaciones de España con otros países con un alto nivel de bienestar, como es el caso de los países nórdicos, entre ellos Suecia. Algunos expertos de Hacienda apuntaban que adoptar el modelo fiscal sueco proporcionaría a nuestro país unos ingresos tributarios adicionales de 200.000 millones de euros anuales, el 20% del PIB. Eso es una suma muy considerable, con la que se podrían hacer muchas cosas…pero la pregunta es: ¿de dónde saldría ese dinero? Ahí es donde la batalla dialéctica comienza y todos proponen medidas, unas más liberales, otras más intervencionistas, otras a caballo entre unas y otras.

Necesitamos dinero de verdad, no parches

Sin embargo, en todas ellas siempre falta algo básico: dinero. ¿De verdad se pueden recaudar 200.000 millones de euros extra en España? ¿A base de fastidiar a quién? Y si no se aumentan los ingresos del Estado vía una mayor carga impositiva, ¿cómo se incentivaría la iniciativa empresarial privada para que las arcas públicas engorden? Ya se ha comprobado de sobra que los mayores ingresos de las compañías no se corresponden con más recaudación, sobre todo cuando los tipos efectivos y nominales que pagan las empresas son como el día y la noche. Incluso con algunas mejoras, el gobierno del PP de Mariano Rajoy no ha logrado solucionar este inmenso problema que, una vez que estalló la crisis de 2008, supuso una caída de los ingresos por el Impuesto de Sociedades del 70%. Sí, el 70%, en una economía supuestamente muy desarrollada.

Mientras tanto, en Suecia se ocupan del bienestar de los suyos y también de los refugiados, cuya integración costará este año el 1% del PIB sueco. Mucho me temo que en Suecia daría igual un gobierno de Rajoy o Pablo Iglesias en relación con las políticas de bienestar, dado que con dinero es más fácil adoptarlas y así evitar las políticas de recortes.

Multiplicar por 3 el PIB español

En las comparaciones entre Suecia y España no recuerdo haber oído o leído nada sobre un dato tan evidente que hasta causa pudor. Se trata del PIB. En el país nórdico, con algo más de 9 millones de habitantes, asciende a 540.000 millones de euros. En España, por su parte, es ligeramente superior al billón de euros con unos 46 millones de personas. Es decir, cada millón de personas en Suecia produce el equivalente a 60.000 millones de euros al año. Si extrapoláramos esa cantidad a España, tendríamos un PIB de 2,7 billones de euros, es decir, casi el triple que el actual. Por ejemplo, una economía como Cataluña, de la que los catalanes aseguran que es muy rica, necesitaría multiplicarse por dos para estar al nivel de la sueca.

Muchos pensarán que Suecia tendrá unos recursos y rasgos diferenciales específicos para ser tan eficiente. Es cierto, sus recetas tiene. Pero no podemos olvidar que este país no siempre fue como lo vemos ahora. Sufrió la crisis del petróleo (Suecia no tiene grandes recursos energéticos salvo los hídricos) como otras muchas naciones del mundo y tuvo que reconvertir su sector industrial y naval, optando por la especialización de determinados ámbitos. Incluso apostó por una política económica que fue durante bastante tiempo cuestionada por los expertos. Pero se ha convertido en uno de los grandes ejemplos de destreza económica del mundo. Y eso teniendo en cuenta que posee menos recursos naturales que España, a excepción de sus bosques y potencia hidrológica. Y, como no, muchos menos recursos demográficos en un país con una extensión similar a la española.

Se pueden hacer muchos debates y estudios comparativos entre ambas economías y de ellos se extraerán múltiples conclusiones, seguramente de gran interés. Pero no podemos obviar el hecho de que algo pasa con España cuando, con más recursos brutos y con una historia política y económica como la nuestra, tiene una potencia económica muy inferior (tres veces menos) que países como Suecia. ¿Será el momento histórico de reconvertirnos y aportar al mundo todo el valor añadido que tenemos que ofrecer? Es el momento de decidir qué queremos ser y a qué nos queremos dedicarnos con más ahínco.

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