La red social Twitter, con unos 320 millones de usuarios en todo el mundo (que apenas aumentan) está últimamente muy de actualidad por motivos poco agradables. Esta red que quiso mirar de tú a tú al gigante Facebook ha tenido que rebajar su ambición y lidiar con caídas mundiales del servicio que empeoran la ya deteriorada opinión que de ella tienen los inversores y gran parte del público en general.

Entre los descontentos se encuentran, paradójicamente, personas que la utilizan de forma asidua, como la ex parlamentaria del Partido Popular (PP), Cayetana Álvarez de Toledo, quien el pasado 5 de enero saltó a la fama con un tuit sobre la cabalgata de Reyes organizada por el Ayuntamiento de Manuela Carmena. Su tuit, que todos recordarán, era tan surrealista como rocambolesco, de ahí que el éxito y el trending topic estuviera asegurado:

Las reacciones al tuit provocaron la reacción de la política popular, quien calificó la red social de “vertedero” y la “tumba de la inteligencia” (sic). Con esto hacía referencia a los innumerables memes, parodias y contestaciones que recibió durante días y que tuvieron un eco desorbitado en los medios de comunicación. Pero esto es lo que tiene un altavoz de cientos de millones de usuarios. Si lo hubiera dicho en casa quizás no tendría tanto eco, pero sí reacciones encontradas. Vamos, algo inherente a la realidad humana.

De esta forma, Twitter se convierte en una especie de cloaca que no gusta a todo el mundo. Pero, como no podía se de otra forma, es un lugar idóneo para la polémica, a veces injustificada. Este es el caso que experimentó hace unos días la actriz Emma Watson, conocida por su papel protagonista en la saga de películas Harry Potter.

El mismo día de la muerte de su compañero de reparto y mítico intérprete Alan Rickman, Watson ofreció públicamente sus condolencias, que complementó con un fotomontaje del rostro del actor y unas palabras que decían originalmente en inglés: “No hay nada malo en ser un hombre feminista, creo que es en beneficio mutuo”.

Inmediatamente, usuarios de Twitter y followers mostraron su indignación por lo que consideraron un uso interesado de la muerte de Rickman para favorecer la causa feminista de la actriz. A mí no solo me parece una soberana estupidez este razonamiento, sino que demuestra que la gente no tiene otra cosa que perder el tiempo escribiendo bobadas y buscando la polémica por puro deporte. ¿Acaso no es algo habitual e incluso honroso destacar alguna de las facetas y citas de una persona para recordarle? ¿Tienen más motivos los tuiteros para querer o sentir más el fallecimiento de Rickman que la propia Watson? Creo que esto demuestra la frivolización de la realidad y los sentimientos hasta un límite insospechado.

Como persona, la conversión de Twitter en una plaza de la polémica me preocupa, aunque como consultor de comunicación no creo que diste mucho de otros lugares como los bares, las comidas de los domingos o el momento del café en el trabajo, etc, etc. Y me gustaría recordar una última cosa: todos somos interesados, incluso inconscientemente. Pero solo hay un interés bueno: el que está motivado por buenas intenciones. Esto es aplicable también a las estrategias de comunicación.

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